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Zabaleta elogia a Guardiola, detalla el triunfo de Kompany en el Bayern y otros aspectos

Zabaleta elogia a Guardiola, detalla el triunfo de Kompany en el Bayern y otros aspectos

Llegó al Manchester City en un periodo de transformaciones importantes. ¿Desde el inicio sintió que era un refuerzo emblemático o lo vio como un movimiento habitual?

"No fue en absoluto un movimiento corriente. Al unir me al equipo, el dueño era distinto: tailandés, y al parecer planeaba venderlo por conflictos con la federación de su nación. Existían tres o cuatro grupos interesados en adquirirlo.

Dicho eso, mi motivación principal era mudarme a Inglaterra y competir en la Premier League, por lo que el tema de la propiedad no influyó decisivamente en mi elección. Sin embargo, una semana tras mi llegada, los nuevos dueños de Abu Dhabi tomaron el control, y su primer refuerzo fue Robinho por 40 millones de libras. Hoy puede no sonar a una fortuna, pero en 2008, captar a una estrella del Real Madrid por ese monto mandó un mensaje inequívoco a todos.

Fue el instante en que la gente comprendió que algo monumental ocurría. Representó un verdadero cambio de rumbo para el equipo, y reflexionando, me incorporé en el momento preciso".

Entonces, ¿ya había un lazo inicial entre el Real Madrid y el Manchester City?

"Sí, y lo que resultó tan impactante fue la rapidez de los nuevos dueños. Normalmente, al asumir un club, se tarda en definir la visión y adoptar medidas clave, pero ellos actuaron sin demora: esto es lo que buscamos, esta es nuestra meta, traeremos a los mejores talentos del mundo. Invertir esa suma en una estrella del Real Madrid de inmediato fue una afirmación contundente".

Después de esos ajustes, ¿percibió la obligación de contribuir a forjar una nueva identidad en el equipo?

"Todo el grupo lo experimentó. Mark Hughes dirigía en ese entonces, y al reunirnos con el nuevo dueño, fue directo. Expresó: 'Poseemos una meta y una perspectiva claras para este equipo. Sabemos que en el fútbol no se triunfa de golpe; si aspiramos a títulos, debemos armar el conjunto idóneo'.

Lo que me cautivó fue que los dueños realmente captaban que no se trataba de conquistas en uno o dos años. Era un proyecto de 10 años. No bastan solo cracks, hacen falta futbolistas que se unan al club con dedicación genuina, que deseen alterar la trayectoria del equipo. Eso requiere paciencia.

"Llegaron incorporaciones frescas, algunas destacadas, pero otras carecían de esa entrega y partieron tras uno o dos años. Tomó tres o cuatro años forjar la actitud correcta para rivalizar con el Manchester United, el Chelsea y el Liverpool, hasta alcanzar el estatus de club de élite".

Necesito indagar sobre Micah Richards. ¿Cómo reaccionó a su llegada, y cómo se comportaba en el grupo? ¿Mantiene la misma esencia de aquellos días?

"Idéntico: siempre jovial, siempre alegre, con una sonrisa permanente. Una excelente persona y un gran individuo.

En esa era, actuaba más como zaguero junto a Richard Dunne que como carrilero derecho, y yo cubría esa banda. No fue hasta el año siguiente, con las llegadas de Kolo Touré y Joleon Lescott, que Micah pasó al lateral, y comenzamos a disputarnos la plaza. Pero fue una rivalidad positiva.

Cultivábamos una sólida amistad y un profundo respeto mutuo; ambos solo ansiábamos retener nuestra titularidad".

Al anotar ese tanto ante el Queens Park Rangers, ¿qué pensó? ¿Aún confiaba en que el campeonato era alcanzable?

"Ese encuentro marcó un viraje decisivo para el equipo. El año previo habíamos conquistado la Copa de Inglaterra, un logro inmenso, pero alzarse con la primera Premier League fue otra dimensión. Es cuando otros clubes y atletas comienzan a verte distinto, cuando un jugador razona: 'Si surge la chance, me gustaría recalar en el Manchester City'.

Para mí, fue un día memorable, aunque mi diana abrió el marcador y pocos la recuerdan porque todos, con justicia, evocan la de (Sergio) Agüero.

Previo al choque, éramos conscientes de que podíamos lograr nuestra primera Premier League, algo que pocos pueden afirmar. Y pese a que el QPR batallaba por no bajar, anticipábamos que no sería sencillo. Lo que transcurrió esa tarde, con el Manchester United y el City en pugna por el cetro, y los eventos en los minutos conclusivos, fue algo asombroso. Podrían transcurrir años sin presenciar algo similar.

El United había imperado en el balompié inglés por décadas, y Ferguson nos tildaba de vecinos molestos. Luego, imponernos el título de esa forma... superó cualquier expectativa".

¿Qué rol jugó Roberto Mancini en la forja de la actitud idónea en el equipo?

"Fue esencial. Roberto aportaba la vivencia de liderar cracks en el Inter de Milán, por lo que dominaba cómo lidiar con temperamentos intensos y egos prominentes, en un entorno donde todos reclaman minutos y pocos toleran el suplencia. Manejarlo es un arte propio.

Era un vencedor absoluto, con un temperamento singular. Nos tomó meses descifrarlo por completo. Tras una derrota, irrumpía en el vestuario colérico, y debíamos presenciarlo. Era vital asimilar que, en esta élite, perder no es opción, que el único parámetro es vencer partido a partido. Esa filosofía cimentó nuestra mentalidad.

Representó una pieza fundamental en el avance del club en esa fase".

Fue distinguido como Jugador del Año del City en la campaña 2012-13. ¿Qué representó ese galardón para usted?

"Significó enormemente. Con la llegada de los nuevos dueños, era obvio que había fondos para captar al mejor en cada rol. ¿Quién es el carrilero derecho top mundial? Hay que reclutarlo. Me impuse: esta es mi ocasión. Debo asegurar mi lugar.

Ingresé al club asumiendo que quizás no lograría trofeos, y un año después observaba a mis compañeros y pensaba: qué suerte tengo. Pero comprendía que debía esforzarme al máximo, conservar mi puesto y forjar legado con este equipo. Así, ser votado Jugador del Año en un plantel de ese calibre, sigue pareciéndome fantástico. Me confirmó que, si uno confía en sí mismo y se entrega por completo, esos instantes llegan. Continúa siendo uno de los picos de mi trayectoria".

Abordemos la incorporación de Pep Guardiola. ¿Qué alteró?

"Todo, para bien absoluto. Habíamos exhibido un balompié espléndido con Mancini y Pellegrini, y cosechado títulos, pero con Pep pareció que el club declaraba: ahora aspiramos a todo. No solo hegemonizar en Inglaterra: queremos la Champions League.

Y claro, un técnico como Pep Guardiola atrae a los talentos globales. Había brillado en el Barcelona y el Bayern de Múnich, y arribó con idénticas ideas, filosofía y exigencias rigurosas.

Colaboré con él solo una temporada antes de partir, y ese debut no reportó trofeos: el grupo transitaba cambios, varios de nosotros superábamos la treintena, y el club precisaba sangre nueva con vitalidad y vigor. Pero miren lo acaecido después.

Lleva más de 10 años allí, más que en cualquier otro sitio. Ha conquistado todo, pulverizado marcas de puntos y goles en la Premier League, y generado uno de los balompiés más espectaculares que he contemplado. Para cualquier aficionado, observar al Manchester City en estos años ha sido un lujo".

¿Qué ignoran los ajenos sobre Pep Guardiola?

"Está totalmente absorbido, de forma admirable. Todos conocen su genialidad como técnico y su estilo único, pero lo que asombra al trabajar con él es cómo motiva a los jugadores. Llega temprano y ya está en su oficina, reflexionando sobre ajustes y mejoras, incluso cuando el equipo rinde excelso y suma victorias.

Para él, nada basta. Siempre indaga: ¿este mediocentro podría variar? ¿Este lateral avanzar más? ¿Este futbolista en un rol ofensivo? Anticipa todo, y eso lo eleva a lo excepcional".

Con su devoción al fútbol, ¿lo imagina algún día al mando de una selección?

"Pienso que sí. Post City, dudo que dirija otro club inglés, y similarmente, tras el Barcelona, no veo otro español. A Alemania, tal vez. Italia es viable, dado su paso como jugador, y la Serie A podría seducirlo. Pero, francamente, el paso lógico futuro es una nacional.

Es un compás distinto: cinco parones internacionales anuales, unos ocho encuentros, en vez de 60. Menos desgaste para el técnico, más viajes, observación en vivo, lazos con jugadores, y preparación en las fechas FIFA. Dos semanas intensas, dos partidos y un respiro. Al final lo logrará, y le aseguro que todas las federaciones lo desearían".

Vincent Kompany era un referente en ese vestuario del Manchester City. Ahora destaca como técnico en el Bayern de Múnich. ¿Detectó esa virtud desde el arranque?

"Desde el día uno. Vincent y yo nos sumamos al City simultáneamente, en 2008, y compartimos mucho tiempo en el hotel en las semanas iniciales, antes de mudarnos. Ya se evidenciaba: su fuerte presencia, mando, dominio de tres o cuatro lenguas.

En el terreno era un líder innato, y conociéndolo vía entrenos y charlas en el grupo, su astucia balompédica y comprensión del deporte me convencieron de que se inclinaría por entrenar.

Lo de Burnley generó dudas, lo ascendió a Premier y luego bajó, pero siempre creí que juzgaban apresuradamente. Con cracks elite, como en el Bayern ahora, despliega su potencial. Además, jugó en Hamburgo, domina el alemán y conoce la idiosincrasia. Todo encajaba. Me alegra mucho por él".

Dos figuras adicionales: Carlos Tévez y Mario Balotelli. Temperamentos opuestos. ¿En qué se distinguían, y compartía usted un lazo especial con Carlos por sus orígenes compartidos?

"Carlos fue un golpe maestro, especialmente viniendo del Manchester United. No olvidaré su foto en camiseta azul en ese cartel gigante de bienvenida a Manchester.

Lo conocía de las juveniles argentinas, así que sabía su valía. Tenía un rasgo curioso en prácticas: de lunes a viernes operaba a su ritmo. Pero los fines de semana, él resolvía los choques. Ese era su talento.

Mario aún me hace reír al evocarlo. Mancini lo dirigió en Inter siendo joven, 19 o 20 años, y creía que podía ser el próximo killer. El potencial existía. Veloz, disparo potente, hábil y nunca erró un penal. Un don prodigioso.

El issue fue su compromiso profesional: rutinas de entreno, reposo, nutrición, foco total en el fútbol. En esa élite, con rivales como Agüero, (Edin) Dzeko y Tévez, había que darlo todo diario.

Y luego, el revuelo constante extradeportivo. Cada desayuno traía un breaking news sobre Mario. Pero los hinchas del City lo idolatraban, con motivo. Esa asistencia a Agüero vs QPR, el gol '¿Por qué siempre yo?' ante United... momentos eternos en la saga del club.

Como ex compañero, le guardo gran aprecio. Era un chaval genial que quizá precisó más madurez. Ojalá recuerden al futbolista que fue, porque era único".

Tras salir del City, se unió al West Ham. ¿Cómo valora esa etapa?

"Con gran estima. Era un entorno totalmente distinto, claro: de un club donde cada curso inicia con expectativas de gloria, a uno que a menudo peleará por su plaza en la tabla. Pero a los 33 años buscaba novedad.

El West Ham siempre fue un fortín visitante; el Upton Park viejo tenía un aura especial. Y mudarme a Londres fue un plus para la familia. En esa fase profesional, piensas más allá del balón: calidad vital, lo que la urbe brinda fuera del deporte.

Estuve tres años, bajo Bilic, David Moyes y Manuel Pellegrini, a quien ya conocía del City. Hubo tramos duros, mirando la salvación por encima del hombro, pero también inolvidables.

El London Stadium acoge 60.000, y se colmaba en locales. El este londinense es claret and blue puro. En Canary Wharf veías los colores everywhere. Una vivencia genial, y mantengo cariño por el club".

¿Los sigue este curso, tal vez vía Flashscore?

"Claro. Soy fiel a Flashscore, siempre en mi móvil.

Ha sido un año complicado para ellos, pero ahora van bien. Están a un par de puntos del Nottingham Forest e incluso del Tottenham, que también padece. Ojalá se mantengan arriba. Aún conozco gente allí y aprecio al West Ham.

Conquistaron la Conference League, hito histórico, y un equipo así pertenece a la Premier League".