Cruz Azul logra el pase a semifinales destacando su superioridad

Cruz Azul logra el pase a semifinales destacando su superioridad

Cruz Azul: K. Mier; W. Ditta, A. García, G. Piovi; J. Rodarte, A. Palavecino (L. Romero), C. Rodríguez (A. Morales), O. Campos; J. Paradela (J. Márquez), C. Ebere (G. Fernández) y C. Rotondi (A. Montaño) (3-4-3). DT J. Huiqui

Atlas: C. Vargas; G. Ferrareis (D. González), M. Capasso, R. Schlegel, J. Rodríguez; A. Rocha (E. Zaldiva); V. Ríos, A. González, P. Ramírez (M. García), S. Hernández (L. Gamboa) y E. Aguirre (A. Rodríguez) (4-1-4-1). DT D. Cocca

Para los aficionados del Cruz Azul, es habitual sentir esa tensión acumulada al ver jugar a su conjunto, ya sea como claro aspirante o en un duelo de vuelta de cuartos en casa con una renta de un gol a favor. Esa personalidad única de la afición cementera genera un constante sube y baja de emociones. Y en esta velada fresca en el Estadio Azteca, no fue diferente.

Después del triunfo por 2-3 en el encuentro de ida en el Estadio Jalisco, el equipo celeste pisó el césped del Coloso de Santa Úrsula para medirse a la esencia rojinegra dirigida por Diego Cocca. El técnico argentino, una figura pragmática y emblemática del club, alinea a sus jugadores con disciplina para revertir el marcador y potenciar el habitual desasosiego de los seguidores azules.

El talento prevalece

Atlas buscó replicar lo que logró hace unas semanas en la última fecha del Clausura 2026, cuando superó 0-1 al América en el Estadio Azteca. Dirigidos desde atrás por los defensores argentinos Schlegel y Capasso, los rojinegros se consolidaron gradualmente en la primera mitad. Sin apuro, con la organización como principio, rozaron el área en un par de ocasiones, avivando las ilusiones de clasificarse.

Esos momentos iniciales positivos del Atlas llenaron de ansiedad eterna a las gradas repletas de azul en el Azteca. Ese nerviosismo que hace que los hinchas se acomoden en el borde del asiento, echando un vistazo al reloj, deseando que pase rápido el tiempo para aliviar un poco las expectativas y la presión heredada de una prolongada ausencia de trofeos que sufrieron durante décadas.

Sin embargo, para alivio de la parroquia celeste y su bienestar emocional, la calidad individual superó cualquier obstáculo, gracias al liderazgo de José Paradela, uno de los elementos más habilidosos del grupo azul, pese a las críticas por sus altibajos en el campeonato. Esas dudas las disipó por completo en el minuto 31, al encabezar un contraataque y, con una finta propia de su talento, se plantó ante el imponente Camilo Vargas para batirlo por bajo de las piernas. El 4-2 en el agregado trajo un consuelo de euforia que desató un aplauso masivo al concluir la primera parte.

Homenaje a la Liguilla

Con el déficit de dos goles, la estructura atlista centró su atención en el arco contrario. Con la garra tradicional, con el honor que enciende a sus partidarios, Atlas se volcó para intentar igualar y eso creó un encuentro propio de una instancia decisiva en el balompié azteca. El ardor y la hambre rojinegras generaron varios momentos de emoción genuina. Incluyendo dos remates de larga distancia de Jorge Rodríguez y Víctor Ríos, que Kevin Mier, otro portero colombiano de alto nivel como Camilo Vargas, detuvo con una elegancia notable.

Y aunque el ímpetu atlista se sostuvo durante unos 15 minutos de vigor, agresividad y tiros desde los flancos, el Cruz Azul impuso la destreza de sus jugadores, sobre todo la de Walter Ditta. El zaguero colombiano, posiblemente el mejor defensor de la Liga MX, se entregó en cuerpo y alma para detener las embestidas del Atlas. Esa entrega animó a la afición celeste que eliminó todo rastro de inquietud para entregarse al gozo que su devoción justifica.

La combinación entre la urgencia rojinegra y la resistencia cruzazulina resultó en un partido cargado de adrenalina que se fue disipando en la recta final, con un estadio lleno entonando cánticos por su escuadra. La victoria, la tercera seguida de Joel Huiqui desde su incorporación, llevó al Cruz Azul a semifinales, la quinta consecutiva. Una secuencia que afianza su estatus y el anhelo por el décimo campeonato en su palmarés.