Un Japón voraz aplasta a un deprimido Túnez en Monterrey (0-4)

Un Japón voraz aplasta a un deprimido Túnez en Monterrey (0-4)

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El partido 1,000 en la historia del Mundial tuvo esta noche de sábado a un Japón voraz e intrépido en la primera parte del cotejo ante un Túnez alicaído y sumido en un caos interno. Una agresividad que tuvo premio pronto y que afianzó la idea general en el mundo del fútbol de que el cuadro nipón no pretende ser un simple participante más en una Copa del Mundo.

Con la princesa de Japón, Hisako de Takamado, sentada en el palco del Estadio de Monterrey junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el conjunto japonés volvió a ser el equipo intenso, dinámico y vivo que fue frente a Países Bajos. Una muestra del buen trabajo que ha realizado Hajime Moriyasu en un proyecto que no hace más que consolidarse desde que inició en 2018.

Un estilo que no se negocia

El inicio del Grupo F en este Mundial generó muchos titulares. Y si bien la goleada de Suecia ante un Túnez —que llegaba con una eliminatoria impoluta— fue acaparadora, el gran accionar de Japón ante Países Bajos fue un golpe certero sobre la mesa que confirmó las aspiraciones del gigante asiático.

Con una idea clara de juego que no se modifica en esencia, el cuadro de Moriyasu nace y se desarrolla desde un 3-4-2-1 sólido en la parte defensiva y con una flexibilidad artística desde sus interiores y un centro delantero que lo mismo es capaz de involucrarse en el juego que llegar al área rival para ser el 9 nominal de la formación inicial. 

Esa hambre asiática fue mucho en la primera parte para el desquicio tunecino que parecía todavía tambaleante tras el golpe certero que le propinó la goleada de Suecia. Porque, aunque el cuadro africano tuvo un parado de espejo, la dinámica nipona no tuvo respuesta alguna. Ya al minuto 4, una descolgada de Keito Nakamura por izquierda terminó en un remate el área chica de Daichi Kamada para abrir el marcador. 

El gol de vestidor no hizo más que encender la voracidad japonesa con un ir y venir a campo rival. En ese dominio ante un rival aplastado anímicamente, Japón tuvo otra al minuto 10 que el arquero tunecino Aymen Dahmen sacó de la línea de gol. Lejos de lamentarse, el cuadro de Moriyasu siguió oliendo la sangre de su presa herida y, al minuto 31, Ayase Ueda metió un derechazo desde fuera del área que se coló en la parte inferior derecha del guardameta africano. El llano del delantero del Feyenoord en pleno festejo fue la imagen emocional de un primer tiempo redondo para el conjunto japonés. 

Dominio de juego

Con el marcador y narrativa de juego a favor, Japón manejó los hilos del segundo a tiempo a su conveniencia. Primero con faltas cortas para interrumpir cualquier intento de reacción tunecina, y luego con una tenencia hipnótica de la pelota que fue tejiendo un contexto tranquilo para su causa, al no existir una amenaza directa de un rival que se fue de la Copa del Minel d runa manera decepcionante. 

No obstante, a pesar de bajar el ritmo de manera considerable respecto a la primera mitad, Japón no dejó de jugar a encontrar y generar espacios. Un latigazo directo a Ueda, ya en posición de falso 9, dejó solo al interior Junya Ito que definió con un pase a la red al 68 para poner un 3-0 que ya empezaba a ser un fiel reflejo de lo que realmente estaba pasando en cancha en lo futbolístico, pero también en lo anímico.

Sin saber traicionarse, a pesar de tener el partido resuelto, el cuadro asiático siguió moviendo la pelota con la disciplina de su idiosincrasia y el juego vertical impuesto por su entrenador. En ese sistema automatizado y adaptado desde el conocimiento, Ueda encontró un centro desde la derecha que remató con sutiliza para poner un 4-0 contundente que lo coronó como el jugador del partido. En el seno del Feyenoord neerlandés saben que será difícil mantenerlo en la plantilla. 

Co la narrativa impuesta a rajatabla desde su esencia, los últimos minutos fueron un paseo de la pelota por lo largo y ancho de la cancha, como si se tratara de un reloj de arena que, pacientemente se va consumiendo. Con la grada a los pies del fútbol impuesto por Japón, el seleccionado nipón se fue del Estadio de Monterrey con algo más que tres puntos que lo colocan como líder empatado con Países Bajos en el grupo: con la certeza irrefutable de que han dejado claro lo que son y lo mucho que les queda por contar en esta Copa del Mundo.