Tras una guerra de tres años, el fútbol regresa a Jartum con presencia militar

Tras una guerra de tres años, el fútbol regresa a Jartum con presencia militar

"Llevamos tres años sin ver a nuestro equipo", dice entusiasta este hincha del club de la capital, Al-Merrikh.

"Es un momento histórico para nosotros", dice a la AFP, sonriente al ver a los jugadores pisar el césped.

El partido inaugural se disputó el viernes en el estadio Kober, situado en el norte de Jartum, en presencia del jefe del Ejército y dirigente de facto del país, Abdel Fattah al Burhan, mientras se disputaba otro encuentro al mismo tiempo en la ciudad gemela de Omdurman.

Estadios destruidos

En todas partes se ven las cicatrices de la guerra que, desde abril de 2023, enfrenta al ejército con los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) y que ha provocado decenas de miles de muertos, lo que la ONU considera la peor catástrofe humanitaria del mundo.

La capital sudanesa, retomada por el ejército regular en marzo de 2025, vive desde entonces una relativa calma a pesar de los ataques con drones registrados en varias ocasiones en las últimas semanas.

Más de 1,8 millones de desplazados han regresado, pero las infraestructuras están deterioradas, el acceso a la electricidad y al agua es limitado y amplias zonas del centro de la ciudad siguen desiertas, entre edificios saqueados y el temor de los habitantes a posibles municiones sin explotar bajo los escombros.

Nada de ello empaña la ruidosa alegría del público, que agita las banderas del club al ritmo de los tambores y de cánticos en honor a su equipo.

Cientos de aficionados desafiaron temperaturas de hasta 42 grados para asistir a este regreso, muchos de ellos obligados a permanecer de pie por falta de gradas utilizables.

En lugar de banquillos, hileras de sillas de plástico.

El estadio Kober no suele acoger partidos de Primera, pero los principales recintos de Jartum han resultado dañados por bombardeos y aún no han sido rehabilitados.

Poder pacificador del deporte

Entre la multitud, Musab Abdel Majid ha recorrido unos 190 km para apoyar a su club, el Ahli Madani, sin importarle la derrota frente al renombrado Al Merrikh (1-3).

"He hecho todo este camino sólo para volver a ver jugar a mi equipo", cuenta, mientras un dirigente del club, Mustafa al Amin, ensalza el poder del deporte para apaciguar las divisiones y transmitir "un mensaje de paz".

Con la guerra, los dos clubes más grandes del país, Al Hilal y Al Merrikh, se han visto obligados a exiliarse, compitiendo en los campeonatos de Mauritania y Ruanda.

Al Hilal, de hecho, ha brillado conquistando esta semana el título ruandés.

A raíz de una tregua en los combates el año pasado, pudieron, no obstante, participar en un torneo de primera división en el estado del Nilo, considerado más seguro, a 300 km al noreste de la capital.

Pero es la primera vez que el campeonato nacional se celebra en tres años, con ocho equipos enfrentándose durante siete semanas para obtener su billete a las competiciones continentales.

Pese al conflicto, Sudán se clasificó en 2025 para los octavos de final de la Copa Africana de Naciones (CAN) en Marruecos, su mejor resultado desde 2012.