Senegal logra su segunda Copa Africana en una velada dolorosa para Marruecos
Senegal se proclamó campeón de la Copa de África de Naciones de fútbol por segunda ocasión en su palmarés, venciendo por 1-0 en la prórroga al local Marruecos, que sufrió una jornada particularmente amarga, este domingo en Rabat.
Pape Gueye marcó el gol decisivo con un magnífico disparo raso al ángulo en los primeros instantes de la prórroga (94'), tras el fallo de Brahim Díaz en el tiempo añadido (90+13') desde un penal polémico que paralizó el encuentro por cerca de diez minutos e incluso provocó una momentánea salida del campo de los futbolistas senegaleses, furiosos con la resolución arbitral.
Intensa controversia
Aficionados senegaleses trataron de invadir el terreno en aquellos instantes, al tiempo que en la zona de prensa surgieron altercados y crispación entre reporteros de ambas naciones contendientes.
Minutos antes, en el 90+2, Senegal vio invalidado un tanto de Ismaïla Sarr por una infracción cuestionable de su compañero Abdoulaye Seck sobre Achraf Hakimi.
Al final, gracias a la intervención de la figura nacional Sadio Mané, Senegal regresó al césped tras su protesta inicial para que el partido concluyera, y Brahim Díaz, quien tuvo la chance de entregar el título a los anfitriones, ejecutó un lanzamiento demasiado suave al estilo panenka, que el portero Edouard Mendy blocó sin dificultad.
El mediocampista del Real Madrid, líder goleador del certamen con cinco tantos, se acercó al llanto mientras Senegal oscilaba entre el júbilo y la incredulidad.
Pape Gueye, protagonista estelar
En ese ambiente cargado de emociones dio comienzo la prórroga, y Senegal capitalizó la situación: mediante un contraataque impecable, Pape Gueye aceleró como un rayo, penetró en el área y soltó un fuerte disparo raso al ángulo, superando en el 94 a Yassine Bounou "Bono", quien hasta ese momento solo había encajado un gol en el torneo.
El mismo Bono había sostenido a su selección durante el tiempo reglamentario con paradas destacadas, sobre todo frente a Pape Gueye, galardonado como mejor jugador del encuentro.
Con eso bastó, pues el resto de la prórroga transcurrió sin variaciones en el luminoso, y los Leones de la Teranga obtuvieron así su segunda Copa Africana, tras la de 2021 (pospuesta a 2022 por la pandemia de covid-19).
Marruecos, que alcanzó las semifinales del reciente Mundial, se quedó con el deseo insatisfecho de revivir sus antiguos éxitos en el balompié continental: únicamente la había conquistado una vez, en 1976, por lo que la decepción fue mayúscula ante la oportunidad perdida.
Frustración colectiva
El estadio Príncipe Moulay Abdellah de Rabat, bajo una lluvia persistente, presenció cómo la anticipada celebración marroquí derivaba en un drama nacional y en una fiesta para Senegal.
Hasta ese punto, el torneo entero había representado un triunfo para Marruecos, satisfecho con su gestión organizativa, la calidad de los campos y un evento próximo a los niveles europeos, a diferencia de ediciones previas.
Un respaldo sólido a los cuatro años y medio que restan para que Marruecos coorganice el Mundial 2030, junto a España y Portugal.
Con 121 dianas, esta Copa Africana resultó la más goleadora de la historia. Y el último de esos goles, el de Gueye en la lluvia de Rabat, quedará grabado por sellar una de las finales más imprevisibles en mucho tiempo.