Perú remontó y venció a Haití en amistoso internacional (1-2)
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La selección peruana pasó casi una hora caminando sobre la cuerda floja y terminó celebrando como quien encuentra una salida cuando parecía encerrado. Porque hubo un tiempo en el que Perú se pareció a ese equipo lleno de incertidumbres que todavía busca reconstruirse, pero también hubo tres minutos que bastaron para cambiar la noche en Miami y dibujar una sonrisa en una selección que la necesitaba con urgencia. La Blanquirroja derrotó 2-1 a Haití en el NU Stadium y consiguió su primera victoria bajo el mando de Mano Menezes.
Lo curioso del fútbol es que a veces los partidos parecen escribirse al revés. Perú tenía la obligación, el favoritismo y el peso histórico; Haití llegaba con menos nombres conocidos, pero con piernas rápidas y una idea mucho más clara durante varios tramos. Y fue precisamente el equipo caribeño el que golpeó primero.
A los 15 minutos, André Carrillo perdió una pelota comprometida en salida. La jugada pareció pequeña en el inicio, pero se transformó en una grieta enorme. Wilson Isidor no perdonó y definió para colocar el 1-0. Un error individual volvió a convertirse en una fotografía demasiado conocida para la selección peruana: desconcentración atrás y la necesidad de remar otra vez contra la corriente.
Perú intentó responder con posesión, aunque la pelota viajaba lenta y las ideas todavía más. Kevin Cabrera buscó profundidad, Jairo Concha trató de ordenar y Carrillo intentó corregir su noche, pero el equipo transmitía una sensación incómoda: tenía el balón, sí, pero no necesariamente el control del partido.
El primer tiempo dejó algo más que una desventaja en el marcador. También dejó preguntas. Porque Perú dominaba algunos tramos, pero era Haití el que parecía saber exactamente qué hacer cuando recuperaba la pelota. El conjunto centroamericano venía de golear 4-0 a Nueva Zelanda días atrás y no parecía un rival dispuesto a acompañar una fiesta ajena.
En el complemento apareció Mano Menezes. Y aparecieron también los cambios. El ingreso de nuevas piernas aceleró un partido que hasta entonces parecía jugarse con el freno puesto. Perú comenzó a adelantar líneas y a instalarse más cerca del área rival.
Y entonces llegaron esos tres minutos.
Perú remonta
A los 80, Fabio Gruber ganó por arriba y provocó una mala respuesta del arquero Johny Placide. El rebote quedó vivo dentro del área y Renzo Garcés apareció donde aparecen los defensores que tienen instinto de delantero: empujó la pelota y gritó el empate. Garcés, que ya había convertido con frecuencia en su club durante la temporada, trasladó ese olfato goleador a la camiseta peruana.
Todavía se celebraba el 1-1 cuando Perú volvió a atacar. Tres minutos después, Jairo Vélez encontró una pelota dentro del área y sacó un remate potente, seco, imposible para el arquero haitiano. El 2-1 cayó como una liberación colectiva. No hubo tiempo para pensar demasiado; solo para gritar.
Después vino el cierre, el manejo del reloj y una salvada milagrosa de Fabio Gruber a los 88 minutos, luego de un error compartido con Pedro Gallese, que evitó un empate inesperado. El alemán-peruano pasó de equivocarse a convertirse en héroe en cuestión de segundos, una escena que resumió bastante bien lo que fue la noche peruana.
Perú ganó. Y a veces, cuando un equipo todavía está aprendiendo a reconocerse, ganar también sirve para respirar. No resolvió todas sus dudas ni construyó una actuación perfecta. Pero encontró algo que también estaba buscando: una pequeña dosis de confianza. A veces el fútbol empieza así. Con apenas tres minutos.