Opinión de Rui Vitória: El Mundial 2026, entre la tradición y el porvenir del fútbol

Opinión de Rui Vitória: El Mundial 2026, entre la tradición y el porvenir del fútbol

La ampliación hasta 48 selecciones supone uno de los cambios más significativos en la historia de los Mundiales. Valoro esta decisión de manera positiva. El fútbol se ha transformado en un deporte verdaderamente global, por lo que resulta lógico que más naciones puedan optar a competir al máximo nivel. Ciertamente, existe el peligro de que se produzca un mayor desequilibrio competitivo en algunas fases del torneo, pero considero que el crecimiento del fútbol mundial depende precisamente de este tipo de oportunidades. Muchos de los países que ahora observamos desde la distancia pueden llegar a ser protagonistas en las próximas décadas.

El Mundial de Catar también nos dejó una reflexión relevante. Se trató de una competición celebrada en un periodo distinto del calendario habitual, y muchos futbolistas exhibieron un nivel físico y competitivo muy elevado. No considero realista trasladar el Mundial de forma permanente a mitad de temporada, dada la complejidad de los calendarios nacionales e internacionales. No obstante, Catar nos ha demostrado que el fútbol actual necesita replantearse la carga competitiva que recae sobre los jugadores, especialmente aquellos que pertenecen a la élite. El futuro pasará inevitablemente por hallar un mejor equilibrio entre el rendimiento y la recuperación.

La organización compartida entre Estados Unidos, México y Canadá constituye otra prueba para el futuro del fútbol. Las infraestructuras serán excepcionales, pero la extensión geográfica presentará desafíos sin precedentes. La logística, los desplazamientos y la recuperación pueden afectar directamente al rendimiento de los equipos. Será un campeonato en el que la organización fuera del terreno de juego puede tener un impacto tan relevante como lo que ocurre dentro de él.

En el ámbito deportivo, Portugal sigue ofreciendo motivos para ser considerado un aspirante sólido. Dispone de una de las generaciones más talentosas de su historia, con opciones de gran calidad en casi todas las posiciones. Sin embargo, los títulos no se consiguen únicamente con talento. Se logran gracias a la habilidad de convertir la calidad individual en una identidad colectiva. Precisamente ahí radicará el mayor reto. Si consigue alcanzar ese nivel de madurez competitiva, Portugal estará en condiciones de competir contra cualquier selección del mundo.

Este Mundial también podría suponer la despedida definitiva de algunas de las figuras más influyentes de las dos últimas décadas. Jugadores como Messi, Cristiano Ronaldo u Ochoa son nombres esenciales que han contribuido a definir una era. Hay un sentimiento agridulce al contemplar estos instantes finales. El fútbol se prepara inevitablemente para un relevo de liderazgos. Reconoce su legado, pero no espera a nadie. Y quizá sea precisamente eso lo que hace tan especiales estas posibles despedidas: la certeza de que lo que hemos vivido con ellos no volverá a repetirse.

Salah, un líder callado

En este contexto, la situación de Mohamed Salah merece una reflexión particular. Tuve la oportunidad de trabajar con él y lo que más me impactó no fue únicamente su talento. Fue su ambición, su disciplina, su mentalidad competitiva y la forma en que encaraba cada día el proceso de mejora. Los grandes futbolistas atraviesan momentos complicados a lo largo de su carrera. Es parte del recorrido. Lo que los diferencia es la manera en que responden a esos momentos.

Considero a Salah un líder silencioso, que no requiere muchas palabras, pero cuando habla, su impacto se percibe. Un líder que influye mediante el ejemplo, con una capacidad extraordinaria para ejecutar sus funciones con una calidad inmensa. Su personalidad competitiva, su ética de trabajo y su capacidad de adaptación me llevan a pensar que continuará siendo un referente en los próximos años. Quizá ya no dependa tanto de la explosión física que lo caracterizó al inicio de su carrera, pero los grandes jugadores saben reinventarse. Y Salah posee la inteligencia suficiente para seguir siendo determinante en diferentes contextos.

Por todo ello, el Mundial 2026 será mucho más que una competición. Será un reflejo de las transformaciones que está experimentando el fútbol. Más países, nuevos modelos organizativos, nuevas exigencias físicas, nuevos liderazgos y nuevas formas de competir. Quizá dentro de unos años consideremos este torneo como el instante en que el fútbol entró definitivamente en una nueva era.