Luismi Sánchez se retira con resignación: "Uno nunca está preparado para despedirse"

Luismi Sánchez se retira con resignación: "Uno nunca está preparado para despedirse"

Más allá de no haber podido competir, el de Puerto Serrano ha visto afectado su día a día en todos los sentidos tras la grave lesión que sufrió en el duelo que disputaron Málaga y Eibar en La Rosaleda a mediados del mes de agosto. Un choque fortuito con Javi Montero, que provocó varias fracturas en su rostro, le obligó a salir del terreno de juego... sin saber entonces que no volvería a pisarlo de nuevo como profesional.

A pesar de que ha transcurrido cerca de un año desde entonces, lo cierto es que Luismi ni siquiera pudo participar en la fiesta del ascenso, lo cual evidencia la gravedad de su caso. En este tiempo, las informaciones sobre su estado físico han sido escasas, y el tiempo ha reflejado a la perfección la razón por la que ha imperado el silencio tanto desde el club como desde el entorno del jugador. Él mismo, a través de sus redes, ha transmitido la inevitable noticia.

En la Costa del Sol, la sensación era de desolación cuando se lesionó, ya que era una figura clave en el centro del campo del cuadro blanquiazul. Y por si fuera poco, días más tarde se produjo la rotura de cruzado de Álex Pastor, quien era un auténtico buque insignia en la defensa. Estas circunstancias, sin embargo, no impidieron que el Málaga fuera creciendo con el paso de las jornadas, sobre todo tras la incorporación del técnico Juanfran Funes, héroe del ascenso.

Hay que recordar que el propio L. Sánchez tuvo que jugar durante la mayor parte de su carrera con un casco en la cabeza debido a una fractura craneal que sufrió cuando estaba en la cantera del Sevilla, club con el que llegó a debutar en la máxima categoría del fútbol profesional. Además, también defendió los intereses de Real Valladolid, Nàstic de Tarragona, Elche y Real Oviedo, desde donde recaló en el conjunto malacitano.

Carta de despedida al completo

Nunca imaginé que llegaría el día en el que tendría que escribir estas palabras.

Porque uno nunca está preparado para despedirse de aquello que ha sido su vida desde que era un niño. Y mucho menos cuando esa despedida llega por un motivo que jamás habría elegido.

Durante este último año he luchado cada día con la ilusión de volver a pisar un terreno de juego. Me he aferrado a esa esperanza hasta el último momento, pero, por desgracia, ese regreso no ha sido posible. Hoy me toca intentar aceptar que mi etapa como futbolista profesional ha llegado a su final.

Si algo ha marcado mi carrera han sido las batallas. Desde aquella grave lesión craneoencefálica hasta la lesión que hoy me obliga a decir adiós. Han sido años de esfuerzo, sacrificio, lágrimas, dudas y muchas horas intentando volver a levantarme. Nunca fue un camino fácil, pero con el tiempo he entendido que no son las caídas las que nos definen, sino la forma en la que decidimos afrontarlas. Cada cicatriz y cada obstáculo forman parte del camino que me ha traído hasta aquí.

A pesar de todo, me siento un privilegiado. Porque, aunque el final no haya sido el que soñaba, volvería a recorrer exactamente el mismo camino.

He tenido la suerte de vivir experiencias que jamás habría imaginado cuando era aquel niño de Puerto Serrano que solo soñaba con jugar al fútbol y divertirse con un balón. Sin darme cuenta, aquello que empezó como un juego acabó convirtiéndose en mi forma de vivir y en una escuela de vida. El fútbol me ha regalado mucho más que partidos: me ha enseñado el valor del esfuerzo, la humildad, el sacrificio, el compañerismo y el respeto. Me ha hecho crecer dentro y fuera del campo y me ha convertido en la persona que soy.

A mis padres, mis hermanos, mis abuelos, al resto de mi familia y amigos, en especial a mi Ezequiel, que aunque la vida no nos hiciera hermanos de sangre, siempre has sido uno más de mi familia. Gracias a todos por creer en mí desde el primer día, por acompañarme en cada paso de este camino, por cada sacrificio, cada viaje, cada consejo y no dejarme caer nunca. Habéis celebrado mis alegrías como si fueran vuestras y estado a mi lado en cada paso de este camino. Gracias por estar ahí siempre.

Gracias a mi mujer y a mis hijas. Sois mi refugio en cada nueva etapa. Habéis convertido cada ciudad y cada nuevo destino en un hogar. Habéis vivido conmigo la parte bonita que todo el mundo ve, pero también la más difícil, la que casi nadie conoce: lesiones, incertidumbres, cambios de ciudad, mis altibajos y los momentos en los que parecía imposible volver a empezar. Gracias por comprenderme incluso cuando yo mismo no encontraba respuestas y por recordarme cada día lo realmente importante.

Ha sido un privilegio compartir vestuario con esta manada de locos y, especialmente, vivir de cerca el trabajo, el esfuerzo y el compromiso de todos. He visto cómo cada día luchaban por llevar a este club al lugar que merece. Os echaré de menos.

Quiero hacer una mención especial a Pablo Campos. En los momentos más difíciles encontré en ti mucho más que a un médico; encontré a un amigo.

Ese agradecimiento lo hago extensivo al cuerpo técnico, dirección deportiva, servicios médicos, trabajadores del club y a cada una de las personas que forman parte del Málaga C.F. Gracias por cuidar de mí como persona antes que como futbolista y por no dejar de hacerme sentir parte del equipo en ningún momento. Incluso cuando ya no podía ayudar dentro del campo, me hicisteis sentir que este ascenso también era mío. Ese gesto dice mucho de la calidad humana que forman este club y es algo que jamás olvidaré.

Y qué decir de vosotros, la AFICIÓN. No encuentro palabras para describir lo que significa sentir vuestro cariño. Gracias por hacerme sentir uno más desde el primer día, por vuestro apoyo incondicional. Habéis conseguido que entienda por qué todo el mundo habla del malaguismo. Vivís el fútbol con pasión y una locura por estos colores que os hacen únicos. Defender este escudo y sentir vuestro aliento ha sido un auténtico privilegio.

Me llevo recuerdos inolvidables, vestuarios llenos de vida, abrazos después de las victorias, lágrimas tras las derrotas y compañeros que, con el paso de los años, se han convertido en amigos para toda la vida.

Pero, por encima de cualquier logro, me llevo todo lo que este deporte me ha enseñado.

Aquel niño de Puerto Serrano que solo quería jugar al fútbol jamás habría imaginado el camino que le esperaba. El fútbol me hizo crecer, madurar, conocer personas extraordinarias y recorrer lugares que nunca habría imaginado. Me enseñó a ganar con humildad, a perder con dignidad y, sobre todo, a levantarme cada vez que la vida me puso a prueba.

Aunque hoy diga adiós a mi carrera, nunca podré despedirme del fútbol, porque el fútbol forma parte de quien soy.

Empieza una nueva etapa. La afronto con la tranquilidad de haberlo dado todo, sin guardarme nada y con el orgullo de haber vivido el sueño que tenía desde niño.

Gracias a todos los clubes que confiaron en mí. En especial al Sevilla F.C., el lugar donde crecí, me formé, aprendí todos los valores que reúne este deporte y por abrirme las puertas del fútbol profesional. Al Real Valladolid C.F. por confiar en mí y ayudarme a crecer como jugador; al Nàstic de Tarragona, por brindarme la oportunidad de aportar mi experiencia para conseguir el objetivo que merecían; al Elche C.F., por devolverme la oportunidad de competir en Primera División; y al Real Oviedo, por hacerme recuperar la confianza y volver a sentirme el futbolista que siempre he sido.

Gracias también a todos los compañeros con los que compartí vestuario, a los entrenadores, empleados, aficionados y a todas las personas que se cruzaron en mi camino y dejaron su huella en mi carrera y en mi vida.

Y, sobre todo... gracias, fútbol. Gracias por regalarme una vida que jamás habría imaginado.

Luismi Sánchez.