Luis Enrique alcanza el Olimpo de los grandes estrategas con su tercera Champions
En el panteón de los entrenadores de élite, ya pueden reservar un lugar para Luis Enrique Martínez. El preparador asturiano, aunque ya lo fuera antes, se ha consagrado como una figura indiscutible en la competición europea al conquistar su tercer título, su tercera Orejona.
Su primer éxito llegó al frente del Barcelona, en la campaña 14/15. En aquel entonces supo manejar una etapa complicada con Messi en el vestuario para conquistar su primera Champions.
Después, tras su periplo en la selección española, se incorporó al proyecto del PSG. Y allí ha logrado forjar un bloque a su medida, sin temblarle el pulso al tomar decisiones polémicas desde el punto de vista mediático, pero imprescindibles para que su modelo triunfara como él deseaba y sabía ejecutar.
Solo así se entiende, con jugadores entregados a su filosofía futbolística, que justo cuando los parisinos perdieron a Mbappé, como antes había sucedido con Messi o Neymar, despuntaran con mayores virtudes colectivas. Y ahí Luis Enrique fue, y sigue siendo, el artífice idóneo para edificar un conjunto temible en lo táctico, lo técnico y lo físico.
La Champions 24/25 fue su gran logro, con una actuación que asombró no solo a Europa sino al mundo entero. Y esta Champions 25/26, con menos brillo, resuelta en los penaltis, también evidenció su solidez para vencer al otro fútbol, más defensivo, más cerrado, menos vertical.
Luis Enrique ya posee su triplete de Copas de Europa. Una hazaña que lo empareja con Pep Guardiola, Zinedine Zidane y Bob Paisley; y que lo sitúa a dos de Carlo Ancelotti.
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