Jugadores italianos debatiendo un bono antes de intentar clasificar al Mundial

Jugadores italianos debatiendo un bono antes de intentar clasificar al Mundial

No se trata solo de una derrota. Se asemeja más a una capitulación gradual y humillante que comenzó incluso antes de que el partido iniciara de forma real. En Zenica en el centro duro del estadio Bilino Polje la selección apostó por mucho más que una mera clasificación: apostó por su solidez emocional. Y esa solidez al final se mostró insuficiente.

En los días antes del playoff contra Bosnia según reveló La Repubblica en el vestuario de la azzurra surgió un asunto ajeno al deporte. La idea de un bono de 300000 euros si logran clasificar (dividido entre los seleccionados unos 10000 por jugador) comenzó a difundirse entre los futbolistas convirtiéndose en una charla formal rápidamente.

No quedó en mera anécdota sino en una solicitud dirigida al staff técnico como si desearan resolver primero el incentivo financiero de un logro pendiente. El timing más que el tema en sí delató el problema: demostró que el equipo no se concentraba del todo en la presión competitiva.

El rechazo de Gattuso

En ese ambiente la postura de Gennaro Gattuso fue firme y clara. Primero la clasificación después el resto. Una advertencia además un esfuerzo por recentrar la atención en lo esencial. Frases que ahora parecen proféticas ante lo ocurrido: un conjunto que no pudo sostener el encuentro con la determinación requerida.

Incluso en la antesala se percibía que algo fallaba. No era la ansiedad constructiva de los grandes eventos sino un desasosiego más hondo y complicado de manejar. Cuando el duelo se complicó aún más por incidentes que empeoraron las cosas la selección careció de soluciones. Falló en el control emocional y en la cohesión grupal.

El pospartido resultó aun más elocuente que el preámbulo. El mutismo ocupó los lugares donde suelen buscarse razones. Escasos semblantes casi nulas declaraciones. Leonardo Spinazzola se paró frente a las cámaras con la voz quebrada expresando una frustración que superaba el marcador. Luego Gennaro Gattuso en solitario cargando con la responsabilidad visible del revés.

Más intrincado y tal vez más simbólico fue el ánimo del capitán Gianluigi Donnarumma. Del enojo inicial al sonar el final a una desilusión más honda casi hueca en las horas posteriores. Un recorrido de sentimientos que ilustra la confusión de un grupo que sintió de pronto el impacto de la chance desaprovechada.

En el vestuario previo a la disolución hubo un instante clave. Algunos futbolistas rogaron a Gattuso que continuara que siguiera guiando a un equipo que se reveló vulnerable de repente. Su contestación encajó con lo previo: inviable proceder de esa manera.

Persiste una impresión dura de pasar por alto. No tanto la exclusión del Mundial en sí ya experimentada y digerida en épocas cercanas sino la manera en que ocurrió. Primero la demanda monetaria después el terreno y el esfuerzo por acceder al torneo. A este punto las expresiones resultan insuficientes casi se diluyen. Lo que queda principalmente es la humillación de un declive que habla por sí solo más que cualquier disección. Y efectivamente es allí donde se concluye: una humillación profunda e ineludible.