El fútbol en Italia acumula pérdidas de 730 millones de euros cada año
De acuerdo con Gabriele Gravina, que renunció a su cargo como presidente de la Federación Italiana de Fútbol el 2 de abril, tras el fracaso de la selección nacional en clasificarse para el Mundial por tercera vez seguida, la realidad del fútbol en Italia, que en el pasado fue líder tanto en clubes como en equipos nacionales, resulta sumamente alarmante.
El análisis resalta las debilidades del sistema, subrayando la escasa calidad en la categoría superior de clubes y las instalaciones anticuadas que le impiden a Italia rivalizar con la cima del fútbol europeo. Asimismo, alerta sobre un modelo económico totalmente inviable en el que se sustenta el fútbol italiano.
Básandose en las cifras proporcionadas por Gravina, de 2018 a 2026, el fútbol del país vecino ha registrado una pérdida media superior a 730 millones de euros por año. Esto evidencia la falta de viabilidad del sistema, pese a que no ha frenado las grandes inversiones en jugadores foráneos, lo cual afecta negativamente a los talentos locales italianos. Italia solo posee dos academias dentro del top 50 mundial.
Los jugadores extranjeros representan el 67.9% del total de minutos jugados en la Serie A, el porcentaje más alto en sexto lugar en Europa. Esta estadística se compara desfavorablemente con otras ligas importantes, como la de España y Francia, donde los no nacionales suponen el 39.6% y el 48.3% respectivamente.
La liga premier italiana se presenta como una competición en declive por su antigüedad, con una edad media de 27 años y un evidente descenso en el nivel técnico. De hecho, no se incluye entre las 10 ligas europeas top en diversos indicadores de rendimiento en el campo.
En la mayoría de las situaciones, la imposibilidad de actuar de forma efectiva, por causas internas y externas al sistema, ha dominado hasta la fecha y ha bloqueado el hallazgo de soluciones viables, indicó Gravina, quien enfatizó que urge definir con precisión las responsabilidades de la federación, las ligas (y por ende los clubes) y las entidades públicas.