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Una selección mexicana apática ensombrece la celebración en el Estadio Azteca

Una selección mexicana apática ensombrece la celebración en el Estadio Azteca

En una tarde de marzo de 2026 la Meca del fútbol mexicano abrió de nuevo sus puertas y la pasión de todo un pueblo se reunió en torno a su emblemático campo de juego a pesar de la pobre actuación de su selección.

Desde el inicio de los Mundiales la Selección Mexicana de Fútbol nunca ha estado a la altura de la efervescencia de su afición. En la reapertura de un renovado y vibrante Estadio Azteca frente a la sólida Portugal esta regla no se rompió.

¿La celebración? Solo en las gradas

A tres meses de la Copa del Mundo el equipo de Javier Aguirre aún no logra exhibir un juego colectivo que infunda ilusión en su gente. Sin seguridades en el terreno de juego el entusiasmo y el colorido en las gradas siguen siendo el emblema de una afición futbolera única.

La celebración que se montó con la expectación y se realizó en una grada renovada llena de color y alegría típicamente mexicana se fue desvaneciendo ante la ineficacia de un equipo que durante todo el proceso clasificatorio no halló soluciones a las dudas profundas heredadas del traumático Catar 2022.

Portugal un equipo consolidado jugó al compás de Bruno Fernandes. El mediocampista del Manchester United demostró su calma y su inteligencia para manejar el partido. Solo en dos momentos del primer tiempo México pudo arrancar desde el centro del campo con el balón dominado sin que eso implicara un riesgo real para el rival.

Y si el primer tiempo ya fue opaco la fiesta de la afición se extinguió por completo en una segunda mitad desorganizada del equipo mexicano que no sabe crear ocasiones en el área contraria. Y cuando surgió alguna oportunidad aislada Armando González la estrella destacada del Guadalajara falló en rematar desde el área pequeña.

Muchas interrogantes

Al percatarse de que se trataba de otra actuación mediocre del equipo tricolor el ambiente alegre se cortó de golpe. Porque aunque la ilusión de ver al Azteca como epicentro del ánimo nacional flotaba en el aire la gente no perdió de vista que en menos de tres meses arranca un Mundial.

El cierre del encuentro fue un protesto claro y firme. Los olés entonados al unísono con los pases portugueses fueron el eco que perduró en otra noche agridulce y especialmente dolorosa que la selección mexicana ha regalado a su afición.

A tres meses del Mundial las dudas están más arraigadas que nunca. Y la afición por muy leal que sea y con el deseo intacto de una victoria histórica dejó patente este sábado que demanda y espera que por fin lo que ocurra en el campo iguale la pasión auténtica que siempre anima las gradas.